Ser maestras y maestros en confinamiento

Carolina Delgado Serrano
bbcarito@gmail.com
Instagram @karodelgado13

¿Cómo conmemoramos y celebramos la labor docente y el tiempo dedicado a enseñar sino hay espacios para la reflexión por las extensas jornadas de trabajo?

Cada vez más me convenzo de la necesidad de transformar la educación y éste momento de crisis que estamos viviendo, me hace pensar en lo que hemos construido como sistema educativo y esencialmente en cómo estamos mediando los procesos de enseñanza y aprendizaje. Tengo la sensación que todo debe cambiar, puesto que considero que tanto las familias, como la niñez, adolescentes, jóvenes y docentes hemos sido afectados diferencialmente. Por lo anterior, quiero compartir mis pensamientos sobre la situación.

La educación presencial brinda las ventajas de encuentros sociales con niñas, niños y jóvenes; ellos a su vez con sus pares, hoy estamos en confinamiento como medida sanitaria para enfrentar la pandemia de la Covid-19 y docentes de casi todo el mundo hemos trasladado nuestras aulas de clase a las salas de la casa.

Han transcurrido ya algunos meses de enseñanza a través de las pantallas y diversas plataformas; el tener que replantear los procesos pedagógicos frente a la educación virtual nos hace frágiles y al mismo tiempo valientes; hemos tenido que ajustar contenidos, flexibilizar un nuevo sistema educativo y nuevas formas de evaluar las competencias, por lo que he llegado a pensar que es el momento preciso para desarrollar las habilidades blandas que fortalecen al ser. Aunque debemos tener en cuenta que, el Sindicato de Educadores de Santander denunció que desde el inicio de este aislamiento más del 40% de los estudiantes del departamento no cuentan con Internet o por lo menos un computador para desarrollar sus actividades virtuales y muchas de las instituciones educativas tampoco tienen una planta física dispuesta para el aprendizaje. Entonces ¿por qué parece que toda la responsabilidad ha recaído sobre la labor docente?

Los maestros trabajamos desde nuestra intimidad, en horarios incluso más extensos a la acostumbradas jornadas presenciales: “en estos momentos, un docente comienza a laborar desde antes de las 5 de la mañana y termina su trabajo diario a las 11 de la noche” o en horas de la madrugada.  Hemos sido vulnerados recibiendo fuertes críticas por madres y  padres de familia, pero acaso se han preguntado si tenemos hogares que cuidar, obligaciones con nuestros propios hijos e hijas o tan si quiera conexión a internet estable.

Cumplimos un nuevo horario virtual establecido por las instituciones y colegios en tiempo real, en el cual no se tiene en cuenta un tiempo fuera para poder atender a los nuestros. Pensar en los cuidados propios o en los de familiares a cargo, no es posible. Hace unos días se conmemoraba el día de maestras, profesores y docentes en Colombia, y me siento frustrada de dedicarme a enseñar, crear procesos significativos para cada estudiante, dejar huella en esas personas que serán el futuro de la sociedad a cambio de la desescolarización de mi propio hijo, simplemente porque no hay empatía de todo un sistema para con las maestras y maestros.

Es tiempo de hacer un alto y reflexionar acerca del verdadero valor que tenemos. El 15 de mayo del 2020 será un día inolvidable. Debemos denunciar esta situación y exigir que se respeten nuestros derechos en medio de una crisis que nos está afectando a todos, sin embargo, profundiza la precariedad de la vida de más personas.

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